Además de la práctica —cada vez más común— de evidenciar los errores frente al grupo, existen diversas equivocaciones cotidianas que, aunque normalizadas, impactan directamente en la calidad del aprendizaje. No se trata de señalar culpables, sino de reconocer prácticas que el propio sistema ha ido reforzando y que es necesario replantear.
Estos errores pueden agruparse en cuatro áreas fundamentales:

