¿Dónde nos perdimos?
En 1492 ocurrieron tres cosas importantes: la caída de Granada, el viaje de Colón y la publicación de la Gramática de la lengua castellana de Antonio de Nebrija. Mientras unos buscaban nuevas rutas marítimas, Nebrija buscaba fijar el idioma. Porque sí, hubo un momento en la historia en el que alguien pensó: “Este caos lingüístico necesita orden”.
Y lo dijo sin rodeos: la lengua siempre fue compañera del imperio. No era romanticismo. Era poder. Controlar el idioma era controlar la administración, la ley, la educación y, en consecuencia, la identidad. Cinco siglos después, estamos debatiendo si “xd” lleva mayúscula. Algo pasó. Y no, no fue solo la tecnología.






